• Alan Stivelman

La ayuda de la Antropologia Transpersonal

Actualizado: 15 de mar de 2018

Estando nuevamente en Buenos Aires, aproveché a leer la mayor cantidad de libros e información sobre el fenómeno OVNI y el fenómeno de las abducciones. Ya había comenzado con este proceso cuando había comenzado a escribir el guión de la pareja que había sido abducida (Ver blog -El Llamado-).


Diego Viegas -antropólogo cultural- había escrito un artículo acerca del caso de Juan Perez, que generosamente me lo compartió para poder tener un mayor caudal de información durante mi proceso de investigación. Su trabajo antropológico es sin dudas excepcional, y hoy ese artículo forma parte de una verdadera "biblia" de la Antropología Transperpersonal, cuyo título de nombre homónimo ha sido editado durante el 2016 por la Editorial Biblios.

(Diego Viegas presentando su libro "Antropología Transpersonal" en la Ciudad de Rosario)


Alguno de los conceptos que me fascinaron del artículo fueron los de "liminalidad" y su relación con este tipo de fenómenos sobrenaturales, el simbolismo del nombre de Juan Pérez y la importancia del mundo guaraní. Quiero compartir algunos extractos de estos conceptos, que me parecen dignos de ser leídos y poder tener un mejor entendimiento acerca de la importancia de los símbolos, los arquetipos y como juega la consciencia en todo este universo de lo fenomenológico:


(...) En efecto, todas las sociedades tradicionales han reconocido la existencia de algo así como un Mana, o un Ánima Mundi, que permea la naturaleza (luego Carl G. Jung en nuestros tiempos le daría una concepción más racional como “Inconsciente Colectivo”). Esta realidad animada (que la antropología clásica ha denominado casi peyorativamente “animismo”) era hasta la modernidad una certeza plena de genios de los bosques y las montañas, númenes de árboles, arroyos y lagunas, demonios en cuevas, espíritus y dioses hogareños, y en fin, en casi todas las cosas, y los aspectos de la vida cotidiana, existían dáimones y metáforas diversas de la Psique del Cosmos, a quienes había que atender, pedir permiso y ofrendar, con quienes se debía negociar, o de quienes se recibían signos, poderes y mensajes. No sólo lugares considerados “sagrados” o “de poder” albergaban las imágenes, figuras y símbolos del Alma del Mundo, en especial éstos se manifestaban en sitios liminales.


El antropólogo inglés Víctor Turner acuñó la categoría de “liminaridad” para referirse a un tiempo y lugar de alejamiento de los procedimientos normales de la acción social (“Estructura”: Norma, Ley, Status), que a su vez es una profunda revisión de los valores de una cultura. Los seres liminares, ambiguos, o “umbrales” típicos de Turner son los neófitos en los ritos de pubertad, quienes no tienen status, propiedades, distintivos, rangos, rol, ni posición dentro del sistema de parentesco, nada que los distinga de los demás neófitos o iniciandos. Su conducta es pasiva y sumisa, son llevados a una condición uniforme para ser formados de nuevo, existe una intensa camaradería e igualitarismo entre ellos


(...) Las zonas liminales también pueden referirse a momentos, climas, o períodos de tiempo determinados: entre el día y la noche (El crepúsculo…o la medianoche, conocida como “la hora de las brujas”; el cambio de año; los solsticios y equinoccios, fundamento de diversos rituales trascendentes y mágicos: Navidad, Shabe Yalda, Yule, Inti Raymi, Pascua, Ostara, Noche de San Juan, NoRuz, Maruaroa, etc. (...)


(...) Debimos hacer esta larga introducción para que se comprenda la sorpresa que nos causara un importante descubrimiento sobre el lugar del avistamiento de Juan Oscar Pérez. Este elemento se convirtió en el puntapié inicial de la re-lectura en clave simbólica y transpersonal que aquí aportamos, y que si bien, no intenta explicar el “Caso Pérez”, al menos intenta ofrecer nueva luz, y complejizar con nuevas inquietudes, aquellas primeras interpretaciones añejas basadas en una simple e ingenua “hipótesis extraterrestre” (HET) (o también aquella más ingenua y simplista interpretación en clave “explicacionista/debunker”)

El sur de Santa Fe y en especial las tierras que luego conformaron el pueblo y los campos de Venado Tuerto eran en el siglo XIX parte de la “frontera interior” de la Argentina, ya que su espacio era reivindicado como periferia del territorio que controlaba el gobierno argentino, pero que sin embargo, estaba aún bajo el control efectivo del cacicato Ranquel de Leuvucó y de la toldería de Pincén. Un espacio fronterizo, un área de interrelación entre dos sociedades distintas, en la que se operaban procesos económicos, sociales, políticos y culturales.


En 1864 se crearon los Fortines El Hinojo y El Zapallar sobre la antigua rastrillada de Las Tunas, que formaba parte del camino real que iba de Buenos Aires a Mendoza y de allí a Chile. El Fortín El Zapallar estaba ubicado exactamente en la denominada posteriormente estancia “La Victoria”…justo en el sitio donde en 1978 ocurre el “Caso Pérez”

(...) Quizás no sea casual que tanto en la estancia La Victoria como en cercanías de la laguna El Hinojo, continúen transmitiéndose hasta el día de hoy relatos sobre “extrañas luces” que allí sobrevuelan, y quizás tampoco que el 27 de febrero de 2011 comunidades mapuches residentes realizaran en esa misma zona el primer rito de “Camaruco” local, propiciando el inicio de un nuevo ciclo en interacción con la naturaleza.


(...) Quizás sea este el momento oportuno para referir otro elemento simbólico del caso: el protagonista de un suceso transpersonal o trascendente ocurrido en un sitio liminal y lleno de resonancias históricas, interculturales y simbólicas de la Argentina, lleva por nombre “Juan Pérez”, que es –al igual que un “John Smith”, por ejemplo, para los Estados Unidos- algo así como el representante paradigmático del pueblo argentino (o del pueblo latinoamericano) “Juan Pérez” en abstracto significa un cualquiera, un hombre común, del montón. El símbolo del hombre sencillo, del interior. La alegoría y encarnación de lo autóctono del pueblo argentino.


(...) Durante la amable conversación que nos concedió en su actual vivienda, y con estas ideas en la mente, nos fue imposible resistir la pregunta acerca de posibles ancestros originarios, a lo que nos contestó muy resuelto y orgulloso: “Yo soy guaraní…hablo el idioma y me interesa que mis sobrinos continúen manteniendo la lengua” (...)


Diego Viegas ha hecho una increíble labor pionera en Latinoamérica, tomando como base el estudio de la Antropología Transpersonal para realizar su investigación personal y llegando a fructíferas conclusiones. Gracias a él, esta historia podrá ser vista por miles de personas, y si no no hubiera estado presente en aquel cine de Rosario para ver "Humano" (ver blog -Una sincronía sobrenatural-) ninguna posterior sincronía hubiera sucedido.

Ya con todo este caudal de valiosa información, decidí preparar un guión de largometraje documental. En un mes y medio lo terminé. Comenzamos con las tareas de pre-producción, y decidí comenzar la aventura por el origen de Juan, su mundo guaraní. Así fue que viajé al corazón del Paraguay, en búsqueda de la sabiduría de los ancianos guaraníes...


Alan Stivelman